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Historia de reintegración

Tintas de reconciliación, el arte como reconstructor de historias

​Tatuador de Pereira contribuye a la reintegración a través de su oficio transformando las marcas de la guerra en imágenes de esperanza.  / Foto: Comunicaciones ACR.

Pereira , 21/12/2016

En Pereira un tatuador ayudó a sanar las heridas de la guerra de María, cuya historia se marcó por muchos años no solo en su memoria, sino en su piel. 

Maria es pequeña, de cabello ondulado, facciones suaves, mirada gentil y cálida sonrisa. Quien la conoce o hablara con ella por primera vez, difícilmente creería que esta misma mujer empuño un arma, usó camuflados y siguió las órdenes de algún comandante en las filas de la Farc. 

Eran las 2:00 de la tarde del 10 de agosto de 1999, en una pequeña vereda alejada del municipio de Mistrató, Risaralda. Con tan sólo 15 años de edad, María es seducida por las promesas de la guerrilla, sobre un futuro mejor para ella y su familia. Sin tiempo para pensarlo u oportunidad de decir no, la niña inocente, formada por una familia humilde, entró a su habitación, empacó la ropa que tenía y salió por la puerta de atrás de su casa, temblando de susto y sin conciencia aún de lo que se aproximaba. 

Ella recuerda ese día como si fuera ayer y relata con detalle cómo el miedo invadió su cuerpo mientras se escabullía en silencio para que su mamá no la escuchara y las palabras del comandante diciéndole "es ahora o nunca, vámonos ya".

María, cuenta también, la imagen de su madre corriendo tras de ella y sujetándola de la mano, mientras suplicaba a la guerrilla que no se la llevaran. Narra cómo cada uno jalaba de un brazo y como al final, su madre cayó al piso y quedó sollozando por la partida de la hija, que creía nunca volver a ver.  

Transcurridos un par de años, quedó embarazada y fue forzada a abortar, pero a pesar de las pastillas e inyecciones tuvo a su hija, la cual, se vio obligada a dejar con una familia, a la que su comandante ya había contactado con anterioridad para que cuidaran del bebé, una vez ella diera a luz. Sin saberlo, ella debía dejarla y nunca más volver a verla. 

Fue así como pasó siete años en el grupo armado y dos de ellos planeando como escaparse impulsada por el deseo de rencontrarse con su hija. 

Ya han pasado nueve años desde que María logró retomar su libertad y cambiar su historia. A pesar que no ha podido recuperar su primogénita, ahora ayuda a otros a reconstruir sus vidas y es ejemplo de que la reconciliación es posible, gracias al trabajo que lleva a cabo con la mesa de víctimas, a través de las acciones implementadas por la Agencia Colombiana para la Reintegración en el Eje Cafetero. 

A pesar de esto, la guerra deja tallada sus huellas y una de ellas, se encontraba alojada en su brazo. El tatuaje de un carnero, fue la imagen que le obligaron a hacerse estando en las filas, como el registro que ponen al ganado en caso de perderse. Tan sólo, hasta el 2016, un artista logro transformar esa huella y con ello su presente. 

El tatuador que se suma a sanar heridas de la guerra 

Misael Tovar es tatuador profesional y tras conocer el proceso de reintegración, visualizó cómo desde su oficio podía contribuir a la paz y la reconciliación en la región. 

Fue entonces, cuando impulsado por la historia de María decidió contribuir con una propuesta que ayudara a sanar heridas. El ponerse a su posición por un momento, le permitió entender cómo el nombre de "desmovilizado" es un pasado que queda y cómo el arte puede ser una herramienta que ayude a transformar y hacer más llevadero el peso de los recuerdos. 

"Haberla tatuado y verla tan contenta y agradecida ha sido de las mejores cosas que he hecho este año", expresó conmovido Misael cuando terminó de convertir el tatuaje del carnero del brazo de María, en un rosa. 

Ese mismo animalito, que la perseguía en sus sueños muchas veces, le recordaba con tristeza su pasado y la hacía sentirse incómoda y con temor que otros lo vieran. El 19 de mayo de 2016, pasó de ser un recuerdo oscuro, a una esperanza reparadora que la motiva y la impulsa a seguir transformando su vida y con ella su entorno. 

Por su parte, después de esta experiencia, Misael es un convencido de que "con la tinta se vencerá el mal" y espera que otros como él, puedan entender que desde "el arte sí se pueden cambiar las cosas. El presente es ahora y debemos todos ayudar a eso".

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