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Víctimas y excombatientes sacan adelante empresa de producción de mora

‘Moralife’, la fruta de la reconciliación

​Jamil tiene planes de expandir su negocio y empezar a transformar la fruta en mermeladas y otros comestibles. / Foto: Comunicaciones ACR. 

Popayán , 01/12/2016

La mora se ha convertido en el sabor de la reconciliación para 31 familias, conformadas por excombatientes reintegrados y víctimas de desplazamiento. Ellos se unieron para hacer de su territorio una zona de paz y convivencia pacífica, en donde juntos salieron adelante y consiguieran un sustento a sus familias. La guerra los puso en bandos opuestos, pero anhelo de paz los reencontró para crear una misma empresa: Moralife.

A tan solo diez minutos de Popayán brillan 18 hectáreas de cultivos de mora. Esas hectáreas representan el ingreso mensual de estas 31 familias que, desde cero, aprendieron a trabajar la fruta, a comercializarla y a vivir un proyecto lejos de las armas. Jamil es un excombatiente de las Autodefensas Campesinas de Ortega, ya terminó su proceso de reintegración con la Agencia Colombiana para la Reintegración, y ha hecho de este negocio una empresa muy rentable.

Recuerda que la empresa se creó en el 2008, mientras estaba aún en el proceso de retorno a la legalidad. Él, junto a su comunidad, decidió emprender este camino que lo llevaría a enamorarse de la mora. "La ACR nos brindó acompañamiento psicológico, empresarial y educativo, con ayuda del SENA, aprendimos todo sobre este negocio. No sabíamos nada, la mora era un fruto que no conocíamos, pero aprendimos a manejarlo", cuenta Jamil.

Rememora que antes de sembrar la primera semilla, en ese terreno no había nada. Era una tierra ganadera, pero como no contaban con recursos para comprar ganado, pensaron en esta nueva propuesta. "Iniciamos desde cero, tuvimos que rehacer nuestras vidas, al igual que rehicimos esa tierra. Sembramos las 18 hectáreas de mora y comprendimos el funcionamiento de esta industria con el apoyo de las instituciones".

"Mora, la fruta que te enamora"

La calidad de vida de estas personas ha dado un salto cuántico. Pasaron de vivir en pequeños albergues a tener sus propias viviendas, de tener que sufrir por el diario para transformarse en empresarios. La producción de esta empresa asciende en temporada alta a 20 toneladas y en temporada baja a 12. "Para cultivar una hectárea de mora se necesitan entre 3 y 4 trabajadores. Ahora que estamos en temporada alta estamos hablando de unas 90 personas empleadas en los cultivos", explica Jamil.

Tienen enamorado al público local por el sabor de su producto y su principal fuente de comercialización son las plazas y mercados de la región. Pero la fórmula secreta según Jamil es la reconciliación: "Nos concientizamos de que víctimas y excombatientes debían reconstruir sus lazos de confianza, que debíamos unirnos".

Además, generan progreso para la región. "El campesino es muy bueno produciendo pero no tanto para comercializar su producto. Es así como actualmente brindamos acompañamiento a personas que se acercan a nosotros, productores de frutas y hortalizas, para asesorarlos".

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