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90 mujeres constructoras de paz en Colombia

Mujeres se formaron para convertirse en unas verdaderas constructoras de paz

​Las ‘Mujeres constructoras de paz’ acompañadas de sus talleristas y directivos de la ACR y la OIM. En la imagen aparece Nelson Velandia, subdirector territorial de la Dirección Programática de Reintegración; Catalina Arciniegas, coordinadora de la ACR Bogotá; Cristina Alzate, gerente DDR de la OIM, y Adriana López, coordinadora del Grupo de Diseño de la ACR.

Bogotá , 09/11/2016

Un proyecto que empoderó mujeres en su rol y les entregó herramientas para desenvolverse en distintos escenarios dio su cierre en Bogotá, luego de pasar por Santafé de Antioquia (Antioquia) y Palmira (Valle del Cauca). 'Mujeres constructoras de paz' es una iniciativa de la Agencia Colombiana para la Reintegración, en alianza con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

En total fueron 90 mujeres y hombres los que accedieron a esta formación, 30 en cada municipio. Este grupo estuvo conformado por mujeres víctima de la violencia, excombatientes de grupos armados ilegales y que están en proceso de reintegración, profesionales que atienden a los excombatientes y los acompañan en su retorno a la legalidad y promotores de reintegración. Además, se incluyó población de organizaciones de base, fundaciones sociales y población vulnerable.

Catalina Arciniegas, coordinadora de la Agencia Colombiana para la Reintegración en Bogotá, explica que "buscamos empoderar y fortalecer líderes y lideresas, a mujeres que estuvieran en contacto con proyectos sociales dentro de su comunidad. De aquí ellas se van con nuevos conocimientos que pueden replicar en sus entornos. En el caso de las profesionales de reintegración, son muchos los insumos que de aquí salen para atender a la población desmovilizada".

Marleny Foronda, es mediadora de este proyecto y estuvo acompañando las sesiones, ella cuenta que "al iniciar el proceso encontramos mujeres temerosas, tímidas y con mucha expectativa de lo que se va a trabajar. A través de esta metodología experiencial lograron contar sus historias de vida, sus experiencias y cómo todo ese camino los ha permitido resignificarse. Hoy lo notamos en su forma de relacionarse, en sus sonrisas".

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Siete poderes se representaron en estas sombrillas, creadas por las mujeres constructoras de paz: el poder de tejer vínculos, la memoria, crear e imaginar para resolver conflictos, enseñar para transformar, sanación, cuidado de la naturaleza y el florecimiento.

Las cinco sesiones de las que se conformó este proceso de aprendizaje tocaron temas clave como la ciudadanía, los derechos, los deberes, la sana convivencia, las herramientas para resolver dificultades de manera no violenta, la memoria, la reconciliación y el perdón, así como la construcción de una cultura de paz. Ana ue una de las mujeres que asistió a este proceso formativo, ella salió de las Farc y hoy en día es una ciudadana reintegrada, y comparte que de este proyecto se enamoró. "Desde el primer momento en que asistí a una sesión me enamoré de este proceso, he aprendido muchas cosas bonitas como aprender a sanarme, expresión corporal, a cómo ejercicios sencillos pueden dejar una gran enseñanza. Muchas de las cosas que hicimos en los talleres las repliqué en mi casa con mis hijas y mi hermana", asegura.

Para Nelson Darío Velandia, subdirector territorial de la Dirección Programática de Reintegración de la ACR, "este es un resultado tangible, ejercicios como este demuestra como conviven distintos actores de la sociedad y se unen por un propósito común".

La metodología

El proceso consiste en cinco sesiones, en donde el grupo trabaja distintas temáticas a través de ejercicios lúdicos y artísticos. Astrid Johanna Parra, profesional técnica de este proyecto, quien se encargó de la parte artística y experiencial, fundamental en este proceso, explica esos momentos: "reconocimiento del otro, a través de un ejercicio de meditación; memoria y reconciliación a través de los roles ejercidos en la vida, que se trabajó con unas máscaras para posibilitar otras miradas del mundo y la vida; empoderamiento de la mujer, que se trabajó a través de la palabra y masajes, en donde se reconoció el útero como centro vital de la mujer y la feminidad; ejercicio de agradecimiento, a través de palabras clave y en donde cada una de ellas lleva algo simbólico con lo que quieren agradecer a los demás".

"El ejercicio con las máscaras me ayudó a dejar prejuicios que aún tenía. Salí tan emocionada del taller que al llegar a casa hice ese mismo ejercicio con mis hijas, fue un momento muy especial para nosotras. A ella les encantó, fue la locura", comenta Ana. Ella, junto a sus compañeros recibió el diploma que acredita su asistencia al curso.

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