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Agencia para la Reincorporación y la Normalización

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Historia de éxito

Historia de una pareja de esposos excombatientes

​Archivo particular

Orinoquia , 29/08/2016
*Yeimy es una mujer de baja estatura, carácter fuerte, miranda profunda, arraigada a sus creencias y con vocación para ayudar a los demás. Es esposa, madre y trabaja actualmente en la alcaldía municipal.

Recuerda que fue reclutada siendo menor de edad por la guerrilla de las Farc, pero no les guarda rencor porque cree que Dios escribe el destino de cada persona. De su estadía en el grupo habla poco, pero afirma que hay muchas cosas aprendidas que le han servido para enfrentar el día a día.

Yeimy ha sostenido una relación amorosa con *Alberto desde que estaban en el grupo, llevan más de 10 años juntos y han estado como se dice; en las buenas y en las malas.

La idea de desmovilizarse fue de él. Alberto es alto, atlético, moreno, fuerte e independiente, ingresó al grupo como él dice: “por loco”, el día en que sus amigos lo retaron a que no era capaz de irse para la guerrilla. Efectivamente demostró lo contrario.
Del tiempo que duraron en el grupo no hablan, tampoco lo que hicieron, ni el lugar donde estaban. Ambos prefieren hablar del paso a su nueva vida. “Yo planeé la huida y ella no sabía nada, cuando le expliqué el plan casi que no lo digiere, pero al final aceptó y me siguió”, cuenta Alberto, quien comenta que estaba cansado.

“Me cansé de seguir ordenes, de estar dependiendo de alguien, de tener que correr a hacerle mandados a otros, llegó un día en que no quería estar más allá”.

Yeimy habla del proceso de reintegración, el cual le parece difícil, sobre todo la estigmatización a la que tienen que enfrentarse. “Yo no pretendo decirle a la gente que acepte a un desmovilizado fácilmente, entiendo su rabia y dolor, pero si les digo que piensen en que los desmovilizados no somos monstros, somos seres humanos, quizás puede ser hasta un familiar de cualquiera porque la violencia nos salpica a todos, y una cosa si deben tener en cuenta y es que los guerrilleros no nacen de la selva, nacen dentro de la sociedad que tal vez los condenó a eso”, dice.

Alberto es un trabajador incansable; se le mide a lo que sea, menos a lo que no esté dentro del marco legal. Dice que es chofer, tractorista, constructor, sabe de ganado y de agricultura; se salió de estudiar porque la situación se puso difícil y no podían educarse los dos al tiempo, así que Yeimy continuó preparándose académicamente.

Alberto ha tenido propuestas de volver a integrar grupos armados, pero su respuesta es concisa y directa; “conmigo no cuente para eso, yo no me salí de Guatemala para meterme Guatepeor”.

Yeimy por su parte ha ido escalando en el ámbito laboral. Inició como aseadora, luego fue operaria en la casa del adulto mayor, estuvo encargada de atender las preguntas, quejas y reclamos de la alcaldía, terminó sus estudios como técnica en sistemas, realizó un  diplomado en gestión del riesgo, pertenece a la Defensa Civil, y sigue laborando en la administración municipal.

Ambos reconocen el trabajo de la Agencia Colombiana para la Reintegración ACR, rescatan el acompañamiento de un profesional reintegrador que hace cumplir las 8 dimensiones de la ruta reintegradora, y se sienten contentos en su nueva vida. Para los dos el proceso de reintegración más que el acompañamiento requiere fuerza de voluntad del desmovilizado. “Cada persona debe decidir qué quiere ser, por ejemplo nosotros decidimos ser diferentes a lo que fuimos, quisimos cambiar nuestra historia y no ha sido fácil, pero hay vamos como la ahuyama; en rastra pero floreando”, concluye Alberto.

Juntos están esperando la aprobación de su proyecto productivo para culminar su proceso de reintegración, tienen un hijo y muchas ganas de seguir adelante.

* Nombres modificados por petición de los entrevistados.

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